No hay gota de adrenalina en el mundo que sobrelleve en espesor la sustancia que fluye por mi cuerpo al sentir el sonido de aquel instrumento monocorde y sus percusioncitas compañeros. Veo pasar las tensiones de mi vida y sentarse a un lado a observar cómo el mundo desaparece y no es aceptado dentro del círculo de gente que me rodea. Siento la armonía de más de 200 años en historia y sufrimiento servil, la palpo mientras raspa mi garganta mediante versos en portugués, casi la lloro.No es necesario partir del suelo en separación para comprender la extensión del arte y la pasión del artista. Muchas veces me pregunté si realmente era alcanzable tal sentimiento sin desafiar a Newton y sus colegas, medito aún a veces.
Pero con las rudimentarias notas musicales en las manos y el brillo del ambiente en mi mente siento que se acaba mi pericia y que la muerte podría robarme el último suspiro ahí sin ser traicionera. Cuando percibo la admiración de mis ojos y el calor del suelo rasgando las plantas de mis pies, me doy cuenta que sin dejar la tierra obligatoriamente, desde que suena un berimbao vuelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario