domingo, 18 de noviembre de 2007

¡Ayayay!

¡Qué picardía la que irradia de algunas mujeres! Son extravagantes dispensadoras de la fiebre genital que los hombres buscamos curar en sus salas de emergencia. Sin hacer mucha referencia al sexo crudo, basta con ver el silueteante vaivén del posterior de una dama (por más DAMA que realmente sea) para que el mejor instruido en la caballería de las mesas inglesas se llene de ganas de abrir su paquetito de "Durex".

Algunos viven buscando el amor eterno que un cierto matrimonio les otorgará, otros probando el terreno como para llegar al cielo y dar su visto bueno sobre lo que Dios ofreció como dulces del purgatorio. No quiero pecar de exagerado ni correr el riesgo de resbalar hacia el lujúrico lenguaje que la foto me puede provocar, pero estoy totalmente de acuerdo con la conjunción de ambas metas.

Vale pues jugar a encontrar la pasión que merece el extremo final de tu mano y el rincón empolvado de tu corazón, pero es obvio que en el camino hay una supra-necesidad de probar lo que se presenta, encontrando (ojalá) una mujer ideal que te llevará al cielo a dar tu visto bueno al que en resumen te la presentó. Cuando pienso en las mujeres me dan ganas de creer en Dios y esas cosas.

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